Y he aquí mis reflexiones acerca del libro de S.S.Cohen sobre su experiencia viviendo en el Ashram de Guru Ramana.

La sencillez y claridad, tanto en el contenido como en el continente del libro hacen que los conocimientos, o la propia historia en sí, tenga una mayor aceptación. Es un acercamiento a la doctrina vedanta advaita (y en general al “yoga mental”) mucho más real que cualquiera que, a nivel personal, me ha transmitido cualquiera de las anteriores lecturas. Sí es cierto, que quizá no hubiese podido disfrutar la historia de Ramana Maharshi sin los conocimientos previos adquiridos en las ya leídas recomendaciones.

El diario de Cohen nos acerca al día a día de un ashram. Para aquellos que aun no hemos frecuentado nunca uno, resulta muy instructiva la descripción, tanto del lugar como de las actividades y conversaciones que allí se gestan.

Según muestra el diario de Cohen, Ramana colaboraba en las tareas del áshram, y no gustaba de ser elogiado, lo cual denota en él grandes cualidades que van en consonancia con su filosofía de vida humilde. Pero en este aspecto lo que me llama la atención es el hecho de que en el áshram se venere de esa forma exacerbada la figura-persona de Ramana, ¿acaso no contradice eso la idea de abandonar el ego para poder alcanzar la Conciencia Suprema? 

Incluso el hecho de que Ramana Maharshi se preste al momento del darsham. Por una parte, podría entender que saludar a toda esa gente que iba a verlo era una muestra de gratitud y educación para con ellos . Pero por otra, formar parte y contribuir a esa jerarquización intelectual, ¿que idea más ególatra que la de posicionar a una persona terrenal a la altura casi de una deidad? y más aun cuando lo que se defiende es doctrina vedanta advaita.

Tampoco me queda claro, al hablar de suicidio, cuando comentan que lo rechazan porque matan al cuerpo, que es inocente y que el suicidio debe hacerse desde la mente, que es la culpable del sufrimiento. Sin embargo, suelen reiterar en numerosas ocasiones que el cuerpo no es el que está vivo, sino el alma. Aunque visto desde otra perspectiva, si lo que vive es el alma y no el cuerpo, tiene entonces lugar que la erradicación del sufrimiento (suicidio) se haga desde la mente, y no desde el cuerpo.

De hecho, una de las frases mencionadas en varias fuentes por Maharshi hacia sus discípulos cuando comienza a enfermar es: «Se desaniman porque dicen que me voy, pero ¿adónde podría ir, y cómo?»

En esta misma línea, ¿por qué darle excesiva importancia al Mahanirvana de Ramana Maharshi si esa no es su muerte? Si los seguidores del Guru no perciben esta idea y la llevan a su práctica ¿cómo pretender nosotros llegar siquiera a lo más superficial?

En general he disfrutado bastante con la lectura, aunque he de reconocer que se echa de menos en el diario algunas referencias al yoga físico, ya que las descripciones vienen siendo básicamente dudas  y aclaraciones filosóficas-mentales. Me hubiese gustado saber cómo realizaban las prácticas y que tipo de rituales seguían entorno a ellas. Al mismo tiempo, esta lectura ha despertado en mi el deseo de vivir la experiencia por algunas semanas en un ashram, ¿y quién sabe? quizá elabore mi propio diario “… estos occidentales…”.