Evidencias científicas.

Numerosas investigaciones muestran que la práctica de yoga y mindfulness en el entorno escolar ayudan a promover el desarrollo integral de los niños y adolescentes, tanto cognitiva como socio-emocionalmente y el uso de su práctica está cada vez más extendido.

Berezowski, K., Gilham, C., & Robinson, D. (2017). A Mindfulness Curriculum: High School Students’ Experiences of Yoga in a Nova Scotia School. LEARNing Landscapes, 10(2), 45-58. Retrieved from https://www.learninglandscapes.ca/index.php/learnland/article/view/Mindfulness-Curriculum-High-School-Students%E2%80%99-Experiences-of-Yoga-in-a-Nova-Scotia-School

A continuación se detallan algunos de los beneficios:

Beneficios físicos:

  • Desarrolla una buena postura y ayuda a mantener la flexibilidad natural del niño.
  • Ayuda a los cuerpos en crecimiento dotándolos de tono, estabilizando sus músculos y manteniendo una buena movilidad en las articulaciones.
  • Trabaja el sistemas inmunológico, respiratorio y circulatorio.
  • Evita lesiones deportivas.
  • Mejora la psicomotricidad.
  • Promueve patrones de sueño saludables y enseña a relajarse.

 

Beneficios mentales y emocionales:

  • Mejora las relaciones sociales, debido a los yamas y niyamas (conducta ética y moral que tiene de base el yoga).
  • Mejora los niveles de concentración.
  • Mejora la confianza en sí mismo a través de técnicas de respiración y anima a los niños a expresarse de manera individual.
  • Libera el estrés cotidiano del día a día.
  • Ofrece un espacio para que los niños expresen su estado emocional de una manera física.
  • Proporciona quietud mental.
  • Mejora la memoria y ayuda a los niños a aprender más.

Se deberá corregir con simpatía, sin que él pueda sentir que las correcciones son coercitivas, para que no le genere antipatía.

Jamás se debe imponer la práctica del yoga al niño, pues en ese caso sentirá rechazo y, por ello mismo, puede que jamás le dé una oportunidad. Hay que pedirle que pruebe, con razonamientos oportunos, o invitarle a que practique con los propios padres, siempre utilizando argumentaciones de acuerdo con su edad.

En las experiencias de yoga, llevadas a cabo con niños, se ha puesto de manifiesto que estos lograban tranquilizarse extraordinariamente mediante su práctica, y que incluso los más nerviosos o agitados se calmaban. Cuando su nerviosismo o alteraciones emocionales eran la causa de sus fracasos escolares, practicar yoga les ayudaba a mejorar su rendimiento escolar y se sentían más motivados con los estudios y menos tensos con los mismos.

¿Cuándo comenzar a practicar?

Muchos maestros de la India aseguran que la edad idónea es a partir de los 7 u 8 años, aproximadamente. Desde esta edad, el niño ya puede practicar las posturas del yoga que son habituales en programas para adultos, pero será aconsejable hacerlas un mayor número de veces, manteniéndolas menos tiempo, para agilizar la práctica y evitar el aburrimiento y, también, porque el niño, a esas edades, suele ser muy activo (y nervioso) y si mantiene demasiado las posturas puede experimentar tedio, sobre todo en las primeras lecciones.